Taller Mario Jorge de Lellis

Juano Villafañe

Siempre sentí que estuve en el Taller  en el medio de dos promociones: una que lo funda, la generación más adulta y otra,  que representa la más novísima generación que domina el taller cuando avanza el proceso represivo en 1975/76, cuando se instala la dictadura. Hay que recordar que en esos años 5 o 7 años de diferencia eran muy importantes cuando uno tenía 20 años. Yo participe del Taller hasta mediados del año 1975. Luego viajo a la costa y de allí a Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia Venezuela.

-El Taller Mario Jorge De Lellis se forma en el año 1970 como desprendimiento o continuidad del Taller Aníbal Ponce. Al Taller Aníbal Ponce lo forma José Murillo junto a Mauricio Herzovich y Héctor Malamud (que luego se reintegrará al Taller en el segundo período). Fue el primer Taller Literario que existió en la Argentina y surge a propósito de una experiencia de José Muriilo en la República Democrática Alemana donde los Talleres Literarios eran funcionales al estudio universitario y al trabajo político cultural.

-El grupo fundacional (1970) y primera promoción del Taller Literario Mario Jorge De Lellis está integrado por: Irene Gruss, Daniel Freidemberg, Marcelo Cohen, Jorge Asís, Leonardo Modelo, Federico Moreyra, Jorge Ricardo Aulicino, Rubén Reches, Héctor Borda Leaño (poeta boliviano ahora radicado en La Paz) y Mirta Horvas. Durante un período asistían Oscar Barros y Lucina Álvarez (hoy desaparecidos). Eran permanentes concurrentes: Carlos Marcuchi y Guillermo Boido. El Taller De Lellis comienza funcionando en la SADE y luego se instala en la SAAP( Sociedad Argentina de Artistas Plásticos). En el año 1972 Federico Moreyra me presenta en el Taller y para ingresar tengo una entrevista con Jorge Ricardo Aulicino. Personalmente conocí a todos los nombrados del grupo fundacional en el momento por cierto que todas asistían. Posteriormente se integran Leonor García Hernando, Luis Alonso, Alicia Genovese, Leonardo Skolink (hay que ver como se escribe) y Germán Lima. El Taller funciona con la suma del grupo fundacional más la segunda promoción en la SAAP hasta los años 1973/74 con un breve paso por la Casa Latinoamericana y en los años 1974/75 se instala en la Galería Meridiana. En La Galería Meridiana inicialmente Daniel Freidemberg coordinará el Taller y luego nos haremos cargo Luis Alonso y yo. El proceso posterior al de la Galería Meridiana lo desconozco. Pero ya en la Galería Meridiana se hablaba de una novísima generación que se había integrado entre los que estaba Sergio Kisielevsky y otros jóvenes. Pero mi participación como les digo llega hasta 1975. En ese período hay un proceso de reorganización político generacional y el Taller que siempre había sido atendido por el Partido, ya que tenía una célula interna, pasa a ser atendido por la FEDE y se forma un círculo. Este período yo no lo participé Cuando pasamos a la Galería Meridiana, como les decía, al poco tiempo Daniel Freidemberg se va y quedamos esa segunda promoción del Taller. La más novísima promoción yo prácticamente la desconocía por el hecho de que yo casi no participaba del Taller. Podría decir que la experiencia de Meridiana fue para mí la última experiencia como integrante del Taller Literario Mario Jorge De Lellis hasta casi fines de 1975.

Podríamos entonces hablar de tres etapas:

1) La que lleva adelante el Grupo Fundacional desde 1969 a 1974.

2) Una segunda promoción que se consolida en la Galería Meridiana  previo paso por la SAAP y Casa Latinoamericana, desde 1972 a 1975

3)Una tercer promoción que se inicia en la Galería Meridiana y luego pasa a coordinar el Taller desde el año 1976 en adelante, años en los que desaparecen Claudio Ostrej, Claudio Valetti y María Elena San Martín de Valetti, desde 1975 en adelante.

Sobre el período que me tocó en la SAAP, Casa Latinoamericana y por último Galería Meridiana puedo hablar especialmente hasta finales de 1975.

Sergio Kisielewsky

El Taller fue para mí un lugar de estímulo para decir. Para ordenar lo dicho y reconstruir las palabras.

La lectura y crítica operó como un disparador de imágenes. Por un lado las que uno traía desde la producción adolescente. En mi caso recuerdo un poema a Vietnam y a Tuñón que recibió sabias lecturas de Pedro y el Susto.

A Pedro en ese entonces su formación en letras lo ayudaba mucho a la comprensión de textos.

En cuanto al Susto me abrió puertas en la épica de la poesía de nuestro continente. En especial Cardenal.

El Taller era un lugar de salto. De elaboración de los papeles íntimos a la concreción de una estética de la poesía.

Una poesía no neutral, no ajena. Derramada en tardes donde la poesía sirvió su mejor copa.

El taller me abrió la mente a la poesía francesa, a Vallejo, a Neruda y al mismo Tuñón.

Eran tardes repletas de luz en el segundo piso del IFT.

Nora Perusin

Cuando llegué al taller en 1974, funcionaba en el IFT. El taller era un espacio de producción poética, también era un espacio de militancia, queríamos llevar la poesía a la revolución.

Era un espacio en el cual se respetaban todas las voces poéticas, y de descubrimiento de la poesía, de polémica, siempre buscamos la belleza como forma de transformación de un mundo que se aparecía hostil ante nosotros.-

En el año 1976, comenzó a funcionar en la boca, en el taller de un titiritero, una vez un 26 de junio de 1976, el lugar estaba cerrado, y entonces decidimos ir todos a un pizzería que quedaba cerca de ahí, en plena lectura caen efectivos de la comisaría 24, y como éramos muchos, hacen descender a la gente de un colectivo que circulaba por la zona y nos llevan a todos detenidos, pasamos la noche en el patio de esa comisaría.

Recuerdo que el comisario de la noche gustaba la música clásica, y al ver a Claudio Valetti con su violín le preguntó donde tocaba y Claudio le responde en la Sinfónica Juvenil, y ahí nomás se puso a tocar el Violín en el patio de la comisaría

Claudio Ostrej, María Elena San Martín y Claudio Valetti, compañeros del Taller, fueron secuestrados y desaparecidos por los militares, en el año 1977, razón por la cual el taller se disuelve.

Claudio Valetti, María Elena San Martín y Claudio Ostrej aparecen el en taller creo que en el 75

Primero lo hace Maria Elena y Claudio Ostrej, y después Claudio Valetti.

Maria Elena estudiaba traductorado de Francés en la Facultad de Derecho, y Claudio Ostrej era estudiante de ingeniería, Claudio Valetti, músico, tocaba el violín en la Orquesta Juvenil de Radio Nacional, llega al taller por intermedio de su hermana Adriana y pronto se casa con María Elena.

A Claudio Ostrej lo secuestran de su casa a mediados de julio del 77, por la noche, en momentos que se estaba bañando, y desde entonces no tuvimos ninguna noticia sobre su paradero, era miembro de taller y de la Federación Juvenil Comunista. Hubo una causa por privación ilegítima de la libertad a cargo del Dr. René E. Dafnis Nikillison

Al matrimonio Valetti, también miembros del Taller y de la “Fede”, lo secuestran unos días antes, a principios del mes de julio, a la mañana, mientras viajaban en la moto en el acceso norte de Florida, Pcia. de Buenos Aires, sabemos que fueron trasladados a una casa de la sede regional del COTI,( Av. Del Libertador entre Pacheco y Pasteur de Martínez, donde fueron interrogados y torturados durante 15 días y trasladados a la comisaría 4ª de San Isidro, en un sótano vecino a las celdas comunes, al que se accedía por una puerta trampa que tenía la inscripción “Ejercito Argentino-Area restringida”, María Elena llegó a escribir una carta a su familia, la que fue entregado por un hombre el día 1 de agosto de 1977, en esa carta les pedía alimentos, contaba que eran cinco los detenidos, y contenía frases tranquilizadoras, ya que pronto volverían y responde a una pregunta: el nombre poco común de una mascota, según relatos familiares recibieron varias visitas por lo menos hasta el 11 de octubre de 1977. Se presentó un pedido de paradero ante la comisaría 4ª de San Isidro el 6/7/77 y el día 8 de julio de 1977 se solicitó un habeas corpus ante el Juzgado Federal Nº 3 Sec. Nº 7, también la familia hizo presentaciones ante la CIDH, entre otras gestiones para averiguar el paradero de María Elena y Claudio Valetti.

Nosotros estábamos desvastados, hicimos locuras como mandar telegramas al 1º Cuerpo del Ejército pidiendo por los chicos. Cerramos el taller.

Yo de Claudio Ostrej conservo un poema escrito en un cuaderno, de Maria Elena encontramos una serie de poemas que iban a formar parte de una revista que pensábamos publicar.

De ellos, además, nos queda, todo aquello que la vileza de la dictadura militar no pudo arrancar.